EL AYUNO DEL 10 DE TEVET 

EL DIA DEL KADISH GENERAL

Existen cuatro días en el calendario judío destinados a conmemorar la destrucción del Templo (Bet HaMikdash) y cronológicamente son: el 10 de Tevet, el 17 de Tamuz, el 9 de Av y el ayuno de Guedalia.

El 10 de Tevet es el día en el que el rey babilónico Nabucodonosor sitió Jerusalén, como está descrito en Reyes II 25:1-3: "En el año noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalén; acampó contra ella y la cercaron con una empalizada. La ciudad estuvo sitiada hasta el año once de Tzidkiahu (Sedecías).  El mes cuarto, el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para la gente en el pueblo, se abrió una brecha en la muralla de la ciudad y el rey partió con todos los hombres de guerra, durante la noche..."  

El sitio duró más de un año y medio y el 17 de Tamuz se abrió definitivamente la brecha en la muralla. Tres semanas después, el 9 de Av, el Templo fue incendiado y este evento, más que cualquier otro, simboliza el fin de la independencia judía en su tierra y el inicio del exilio.

En las escrituras se llama el “ayuno del décimo mes” (Zacarías 8:19).

En Israel, este día también se observa como el Día de Kadish Nacional, al ser recitado en él la oración de kadish de duelo por las personas asesinadas durante el Holocausto, especialmente por la memoria de aquellos cuya fecha de muerte no es conocida. 

El 10 de Tevet es el único ayuno que se puede realizar también en viernes.

El 10 del mes de Tevet

Traducción: Marcelo Kisilevski

(extraído del sitio de Hagshamá www.wzo.org.il/ )

 

Una de las conmemoraciones menos conocidas en el calendario hebreo, a menos que se sea observante, es la del Ayuno del Diez de Tevet. El mismo marcó el comienzo del fin para la historia del Primer Estado que tuvo el pueblo judío, pues en esa fecha decidió el rey babilónico Nabucodonosor poner sitio definitivo a Jerusalem. La destrucción del Primer Templo, aquel construido por el Rey Salomón, se acercaba inexorablemente.

"¿Dónde estuviste cuando mataron al presidente Kennedy?" Para muchos norteamericanos de mi generación y de la anterior, esta pregunta es esencial para poner nuestras vidas individuales en el contexto de la historia. Desde el momento en que llegaron las noticias de que el presidente de los Estados Unidos había sido asesinado, sentimos que el curso de la historia del país había sido alterado trágica e irreversiblemente.

En cuanto a mí, recuerdo claramente haber estado en la escuela –en segundo grado- el 22 de noviembre de 1963, cuando la maestra de otra clase llegó resoplando a nuestra aula y preguntó si alguno de nosotros tenía una radio. Cuando le dijimos que no, se lanzó hacia el corredor, probablemente para buscar la radio en otro lado. Por algunos minutos, los maestros pulularon por la escuela, algunos corriendo, todos murmurando. Fue la primera vez en mi vida que recuerdo haber sido testigo de tantos adultos que no estuvieran en total control del mundo a mi alrededor.

No nos cabía duda de que el mundo no fue el mismo desde ese día. La inocencia se había acabado, la guerra asomaba en el horizonte, las tensiones sociales crecían. Muchos escritores (me enteré años después), comparando la administración de Kennedy con la Edad de Oro del rey Arturo, escribieron acerca de la caída de Camelot. Nos dominaba la sensación de haber experimentado un momento de tragedia personal y nacional, y que todo lo que pasaría después de ese día, sería remitido al asesinato del presidente.

También en la historia del pueblo judío, hay ciertos eventos que señalan el comienzo del descenso en la espiral de sufrimiento. Uno de ellos es el Ayuno del Diez de Tevet. El mismo marca el comienzo del sitio final de Jerusalem por Nabucodonosor, rey de Babilonia, que culminó en muertes masivas, destrucción y exilio.

Profetas como Isaías y Jeremías habían predicho hacía tiempo que, por sus pecados, el pueblo judío sería conquistado y exiliado, y que su Templo sería destruido. Mientras algunos judíos les creyeron, la mayoría no lo hizo, hasta que los babilonios arremetieron desde el norte para cumplir las profecías. Jerusalem fue sitiada y el rey Joacim fue engrillado y conducido a Babilonia; su hijo Joaquín se convirtió en rey.

Los babilonios fueron conquistadores crueles y totales: primero, se llevarían al liderazgo al cautiverio, y luego exiliarían al resto del pueblo. Así, en el 597 AEC, invadieron Judea y capturaron al rey Joaquín y a la capa superior de la sociedad de Judea, que incluía la corte, la oficialidad militar y a los artesanos:

Vino también Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad, cuando sus siervos la tenían sitiada. Entonces salió Joaquín rey de Judea al rey de Babilonia, él y su madre, sus siervos, sus príncipes y sus oficiales; y lo prendió el rey de Babilonia… (Reyes II, 24:11-12).

 

Y EL TEMPLO FUE QUEMADO

Para gobernar el país conquistado, los babilonios instalaron un rey-marioneta, Sedequías. Aun bajo estas circunstancias horrendas, algunos judíos albergaron la esperanza fútil de que un milagro los salvaría. El mismo Sedequías intentó rebelarse contra Nabucodonosor, pero fracasó.

 

En el 589 AEC, los babilonios destruyeron las fortificaciones judías e intensificaron el sitio. Lo que tanto había sido temido, finalmente ocurrió:  

Aconteció a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a los diez días del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con todo su ejército contra Jerusalem, y la sitió, y levantó torres contra ella a su alrededor. Y estuvo la ciudad sitiada hasta el año undécimo del rey Sedequías. (Reyes II, 25: 1-2)

El hambre empeoró. Los babilonios abrieron brechas en las paredes y ocuparon la ciudad rápidamente. Capturaron a Sedequías, que había huido, y lo trajeron ante el rey de Babilonia. Los hijos de Sedequías fueron asesinados ante sus ojos, luego lo cegaron, lo encadenaron con grillos y lo llevaron a Babilonia. El Templo fue quemado hasta sus cimientos en el 586 AEC. Muchos judíos perdieron sus vidas. Judea fue virtualmente vaciada de todos sus habitantes; sólo una pequeña comunidad, encabezada por Guedalia Ben Ajikam, fue dejado para cuidar el país de ser infestado por animales salvajes.

Alguna forma de vida judía comenzó a cristalizar en el exilio babilónico. Uno de los profetas durante este período fue Ezequiel Ben Buzi. Un cohen (sacerdote), Ezequiel había sido llevado en cautiverio junto con el rey Joaquín, pero continuó enseñando sus visiones proféticas en Babilonia. Algún día preanunciarrá el glorioso retorno a Judea y la reconstrucción del Templo. Pero, por el momento, él también debe enfrentarse con la realidad: el liderazgo está exiliado en Babilonia, y es simplemente una cuestión de tiempo hasta que los babilonios cumplan sus planes de una conquista total y el exilio de todos los habitantes de Judea.  

El 10 de Tevet del 589 aec, al mismo tiempo que Nabucodonosor está sitiando Jerusalem, la temida profesía se hace voz en Ezquiel:

“Hijo de Hombre, escribe la fecha de este día; el rey de Babilonia puso sitio a Jerusalem este mismo día. (Ezequiel, 24:2)”

Le tocará al profeta informar a los exiliados de Babilonia acerca del sitio y de la inevitable destrucción. Desde ese momento, el Diez de Tevet será recordado como el punto de visagra en el colapso del Primer Estado, el principio del fin.

El Diez de Tevet es uno de los cuatro días judíos de ayuno, que marca un hito significativo en este trágico relato de exilio y destrucción. Los otros tres conmemoran la penetración por los muros de Jerusalem (el 17 de Tamuz); la destrucción del Templo por el fuego (el 9 de Av); y el asesinato de Guedalia (el 3 de Tishrei).

 

SER TESTIGOS DE LA DESTRUCCION:

Tradicionalmente, el 10 de Tevet es observado (por personas saludables) absteniéndose totalmente de comer y beber desde el amanecer hasta el anochecer. Plegarias de duelo y arrepentimiento son agregadas a los servicios regulares. Una sección especial de la Torá (Exodo 32:11-14, 34:1-10) es seleccionada para su lectura pública, pues demuestra la voluntad de D’s de perdonar al pueblo si éste se arrepiente. Los rabinos del Talmud de Jerusalem (Yoma 1) enseñan: "Quien no vea el Templo reconstruido en su generación debiera considerarse a sí mismo como si hubiera atestiguado la destrucción del Templo".

El 10 de Tevet es único entre los cuatro días de ayuno de destrucción que está explícitamente mencionado en la profecía de Ezequiel; los otros días no están tan claramente delineados en los textos proféticos. Las palabras "este mismo día", son una reminiscencia de la descripción del Día del Perdón: "en este mismo día" (Vaikrá 23:28). Como resultado de esta similitud, algunos de los comentarios sugieren que, del mismo modo que es observado el ayuno del Día del Perdón aun cuando cae en Shabat, así también, si el Diez de Tevet cayera en Shatat, el ayuno sería observado. Este punto es meramente teórico, pues en nuestro calendario actual el 10 de Tevet no puede caer nunca en Shabat. No obstante, es el único de los cuatro ayunos que puede caer en viernes –como lo hace este año- y por eso entramos en el Shabat mientras ayunamos, y sólo rompemos el ayuno con la primera comida de Shabat.

En muchas congregaciones sefardíes, en el Shabbat anterior al Diez de Tevet y antes del Servicio de Musaf (Plegaria Adicional), el cantor litúrgico anuncia: "Hermanos, Casa de Israel, escuchen, el ayuno del décimo mes (Tevet) será en tal y cual día. Que el Santo bendito sea lo transforme en un día de felicidad y regocijo, como está escrito (Zacarías 8:19): Así ha dicho el Dios de las Huestes: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se convertirán para la casa de Judá en gozo y alegría, y en las festivas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la paz". 

Cuando el horror del Holocausto fue conocido por primera vez por todo el mundo, el Rabino en Jefe del Ishuv (la comunidad judía antes de la creación del estado) en Eretz Israel proclamó el Diez de Tevet como el día de duelo por las víctimas de la destrucción de las comunidades judías en Europa. En 1951, no obstante, una fecha diferente, el 27 de Nisán, fue designado por la Kneset como el Día del Holocausto y el Heroísmo.

El Gran Rabinato ha decretado, de todas formas, que el Diez de Tevet sea el día en el que se recite el Kadish de Duelo para aquellos familiares, víctimas del Holocausto, cuya fecha de fallecimiento no es conocida, y conmemorar ese día con plegarias y estudio. En Israel es conocido como el día del "Kadish General". 

Incluso ahora, cuando el Estado de Israel ha sido establecido para traer el fin del sufrimiento y el exilio judíos, recordamos cuándo comenzó el triste relato del exilio: hace más de 2.500 años atrás, un Diez de Tevet.

ברוך הבא
 
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